sábado, 24 de agosto de 2024

Los Tres Cerditos

 

Había una vez tres hermanos cerditos que vivían en el bosque. Como el malvado lobo siempre los estaba persiguiendo para comérselos, un día el mayor dijo:

—Tenemos que hacer una casa para protegernos del lobo. Así podremos escondernos dentro de ella cada vez que el lobo aparezca por aquí.

A los otros dos les pareció muy buena idea, pero no se ponían de acuerdo respecto a qué material utilizar. Al final, y para no discutir, decidieron que cada uno la hiciera de lo que quisiese. El más pequeño optó por utilizar paja para no tardar mucho y poder irse a jugar después. El mediano prefirió construir la casa de madera, que era más resistente que la paja y tampoco le llevaría mucho tiempo hacerla. Pero el mayor pensó que, aunque tardaría más que sus hermanos, lo mejor era hacer una casa resistente y fuerte con ladrillos. Además, así podría hacer una chimenea con la que calentarme en invierno, pensó el cerdito.

Cuando los tres acabaron sus casas, se metieron cada uno en la suya y entonces apareció el malvado lobo. Se dirigió a la casa de paja y llamó a la puerta:

—¡Cerdito, cerdito, déjame entrar!

—¡De ninguna manera! —respondió el cerdito—. ¡No podrás entrar porque soplaré y soplaré hasta derribar tu casa!

Y el lobo empezó a soplar y estornudar. La casita de paja acabó viniéndose abajo, pero el cerdito echó a correr y se refugió en la casa de su hermano mediano, que estaba hecha de madera.

—¡Anda, cerdito, déjame entrar!

—¡De ninguna manera! —dijeron los dos cerditos—. ¡No podrás entrar porque soplaré y soplaré hasta derribar tu casa!

El lobo empezó a soplar y estornudar. Aunque esta vez tuvo que hacer más esfuerzos para derribar la casa, al final la madera acabó cediendo, y los cerditos salieron corriendo en dirección hacia la casa de su hermano mayor.

El lobo estaba cada vez más hambriento, así que sopló y sopló con todas sus fuerzas. Pero la casa de ladrillos no se movía. El lobo intentó entrar por la chimenea, pero los cerditos le oyeron y, para darle su merecido, llenaron la chimenea de leña y pusieron al fuego un gran caldero con agua.

Así, cuando el lobo cayó por la chimenea, el agua estaba hirviendo y se pegó tal quemadura que salió gritando de la casa y no volvió a comer cerditos en una larga temporada.


 

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